viernes, 29 de junio de 2018
miércoles, 27 de junio de 2018
martes, 26 de junio de 2018
lunes, 25 de junio de 2018
miércoles, 20 de junio de 2018
Hazte
Cómo amar -Jeff Foster-
"No puedo vivir sin ti".
"Me completas".
"Sin ti soy nada".
"Nunca me abandones".
Te vendieron una hermosa mentira acerca del amor.
Y en tu inocencia, compraste la mentira, la tomaste como verdad. Porque todos a tu alrededor estaban haciendo lo mismo, y querías encajar, y estabas tan asustado/a de estar solo/a, ya que nunca te habías sumergido en la dicha oceánica de tu propia soledad y hallado seguridad ahí.
Nadie vendrá a salvarte, ves. Ningún príncipe montado a caballo. Ninguna Julieta. Ninguna madre sustituta. Ninguna "Persona Especial". Ningún mesías que se llevará tu dolor, tus sentimientos de vacío, esa sensación de separación y abandono que está contigo desde que eras joven. Nadie será capaz de sentir y metabolizar tus sentimientos por ti. Nadie puede vivir y morir por ti. Nadie tiene el poder de distraerte permanentemente. Nadie puede ser dueño de o pertenecer a alguien.
Tu otra mitad, tu compleción, no está fuera de ti, ves, sino profundamente dentro de ti. Vive como tu mismísima presencia, arde como el Sol interior.
Tantas personas están buscando al amor. O están intentando aferrarse a un amor que parece estarse deslizando entre sus dedos. O sienten que han perdido el amor y tratan de recuperarlo, escapando de sentimientos incómodos de síndrome de abstinencia, adormeciéndose con más sueños, corriendo cada vez más lejos de sí mismos, en búsqueda de algo que nunca alcanzarán, aún soñando con su "Persona Especial" que los completará, que les otorgará una vida de seguridad psicológica, que será la madre o padre perfectos que nunca tuvieron en la Tierra.
Por supuesto, eso no es amor. Eso es miedo, un escape urgente de la soledad.
Si puedes encontrarlo o perderlo, si puedes estar "en" o "fuera de" él, si se te puede regalar o quitar, si tienes que pelear por él, rogar por él, manipularte a ti mismo/a o a otros para obtenerlo, si sientes que te has hecho merecedor/a de él, si duele, entonces es la versión mental del amor. Es la mentira. Ya que si amas, estás presente. Eso es todo.
Si amas a alguien, estás presente con ellos. Tan presente con ellos como lo estás contigo mismo. Tan presente como el Sol en el cielo, a pesar de las nubes, las tormentas, el clima siempre cambiante.
No confundas amor con deseo, entonces. El deseo viene y se va. Arde brillantemente, o la llama se extingue. Pero el deseo no es consistente, como el amor.
No confundas amor con atracción. La atracción es hermosa, pero viene y va, se alza y cae como las olas en el océano, cambia con las estaciones, días, horas, momentos. No es siempre-presente, como el amor.
No confundas amor con sentimientos cálidos y agradables, incluso sentimientos de estar "enamorado/a". Los sentimientos agradables se convierten en dolorosos tan rápido. El amor no es placer ni dolor, no es éxtasis ni duelo; es el campo que perdura, incluso cuando la felicidad se desvanece en la desesperación.
No confundas al amor con la urgencia de poseer a alguien o de ser poseído/a. El amor no es encaprichamiento. El amor no es obsesivo ni compulsivo. El amor no se apega. El amor no posee nada; no tiene peso ni forma.
El amor no dice "Te necesito para mi felicidad, mi contento, mi vida", no, el amor es sinónimo de la libertad, de un corazón abierto, de la voluntad para sentir cada sentimiento, pensar cada pensamiento.
El mito más peligroso es que otra persona puede "hacerte" feliz. No, no. La felicidad, la verdadera felicidad, la clase de felicidad que no puede ser comprada ni vendida o pulcramente empaquetada, es idéntica a tu propia presencia, la cual nadie te puede dar, y nadie te puede arrebatar. Si buscas a otros para ser feliz, siempre dependerás de ellos, siempre tendrás miedo de perderlos, y temerás y el resentimiento retumbará por debajo de tu "amor". Te adaptarás para complacerlos, adormecerás tus pensamientos y sentimientos, cerrarás tus ojos a la verdad y vivirás en fantasía y esperanza. Te harás a ti mismo/a infeliz para ganar su amor, mantenerlos cerca, controlarlos. Te harás infeliz a ti mismo/a tratando de hacerlos felices a ellos...o forzándote a ti mismo/a a ser feliz. Eso no es amor, es adicción a una persona. Es miedo enmascarado como "romance". Es la mentira.
Pero debajo de cada adicción está el anhelo por un hogar, por una Madre en el sentido más profundo de la palabra. Encuentra el sentido más profundo de hogar dentro de ti. Haz de tu cuerpo tu hogar, tu aliento, tu vientre cuando se eleva y cae en el momento presente. Encuentra tu base en la sensación de estar vivo/a. Y en ese lugar de presencia, pasa tiempo con otros que te nutran, que te ayuden a sentirte vivo/a, que empaticen contigo y puedan validar tus valiosos sentimientos. Cuando no estás tratando de ganar amor, cuando no estás huyendo de tus sentimientos incómodos, puedes darte el lujo de amar y ser amado/a realmente.
Invita a otros a tu campo de amor; déjalos quedarse, déjalos irse, inclínate ante su camino y camina el tuyo con valentía. Pero no compres por un momento la mentira de que la salvación yace en cualquier parte excepto en el corazón mismo de tu exquisita presencia, el lugar donde no hay nada que salvar. El lugar donde tocas la vida, y eres tocado/a de vuelta, momento a momento.
Porque tú eres el Elegido, tu propio y más grande amante, compañero/a, amigo/a, gurú y Madre.
Entonces puedes decirte a ti mismo/a:
"No puedo vivir sin ti".
"Me completas".
"Sin ti soy nada".
"Nunca me abandones".
lunes, 18 de junio de 2018
viernes, 15 de junio de 2018
Lo que llega y lo que se va
"Sólo cuando la mente se niega a fluir con la vida
se estanca en la orilla y se convierte en un problema.
Fluir con la vida quiere decir:
aceptación de lo que llega
dejar ir lo que se va."
Nisargadatta
VS
Vientosur dice:
"No, ya no tiene poder sobre mí, aunque sé que intentará engancharme desde el emocional.
El juego de siempre: trampa = dramatismo.
Mi solución: corta y cancela"
El juego de siempre: trampa = dramatismo.
Mi solución: corta y cancela"
jueves, 14 de junio de 2018
Fundació Silvestre
Fundació Silvestre es una entidad sin ánimo de lucro constituida el 27 de Julio de 2007 e inscrita con el Registro de Fundacions de la Generalitat de Catalunya con el número 2374.
Somos un grupo de personas que queremos a los animales y que creemos que merecen tener una vida digna. Trabajamos para la protección y desfensa de sus derechos.
Nuestra financiación procede de la colaboración particular: Socios, Donaciones, Herencias y Legados.
Colabora con nosotros, tu ayuda es importante por pequeña que sea. Es tu granito de arena.
Nº de cuenta ES75 2100 0555 33 0202241244
Gracias por tu ayuda.
miércoles, 13 de junio de 2018
lunes, 11 de junio de 2018
viernes, 8 de junio de 2018
jueves, 7 de junio de 2018
miércoles, 6 de junio de 2018
martes, 5 de junio de 2018
lunes, 4 de junio de 2018
jueves, 31 de mayo de 2018
Ayudador Compulsivo
El Vicio de Ayudar al Otro y sus Consecuencias
En teoría ayudar a los demás es bueno, ¿verdad? Aconsejable, provechoso y hasta saludable… ¿Seguro? ¿Y si no siempre fuera así? Puede que estas palabras vayan un poco contracorriente y sean políticamente incorrectas, pero ayudar no siempre ayuda.
Si lo que sigue a continuación te suena familiar este artículo te puede ser útil.
Estar pendiente de lo que el otro necesita, protegerle de posibles daños, ayudarle a arreglar sus asuntos, escuchar sus problemas, buscar posibles soluciones a sus dificultades… son algunas maneras de cuidar a los demás.
Hasta aquí parece que todo está bien.
El problema empieza cuando te saltas una delgada línea y pasas de cuidar de alguien de forma puntual a hacerlo de forma habitual. Cuando se convierte en “tu manera” de relacionarte con tu pareja, tus amigos, o incluso con tus padres. Tu manera de ser.
Te conviertes en un Ayudador Compulsivo.
Incluso si esa persona necesita cuidados de verdad, porque está enferma o es mayor, por ejemplo, es fácil cruzar esa línea y ponernos en rol “ayudador”. Ahora verás por qué:
¿Cuáles son los problemas de querer ayudar a los demás “compulsivamente”?
Por favor, ten en cuenta que esto se aplica cuando ayudamos de manera repetitiva porque “somos así”; no cuando las circunstancias requieren que estemos por otra persona porque no puede cuidarse por sí misma.
Al estar pendiente de lo que necesitan los demás te vas olvidando de ti mismo; de lo más importante, que eres tú. No es que te olvides de tus necesidades; ¡es que incluso no sabes ni cuáles son!
Adoptas un rol tóxico con la otra persona. Es decir que os daña a los dos, aunque pretendas justo lo contrario. En parte es porque pones al otro en el rol del “débil” y sin querer lo empobreces o consideras poco capaz de poder tomar sus propias decisiones y cuidarse a sí mismo.
No creas una intimidad real: al echarte más responsabilidades encima va creciendo tu papel de cuidador y puedes caer en la trampa de creerte más importante que el otro. Cuando la relación no es de iguales, la intimidad (el compartir lo verdadero de uno) es más difícil que se dé.
Como dice Joan Garriga en su libro El Buen Amor en la Pareja:
“A menudo, el que da de manera compulsiva se pone en lugar de superioridad y esconde su necesidad de recibir, para tener al otro dependiente y bajo control, haciéndolo sentir necesitado, y argumentándole, eso sí, como amor absoluto.”
Acompañar al otro en vez de “solucionarle” la vida
Acompañar al otro es la alternativa a ayudar compulsivamente. Estas son algunas ideas sobre cómo hacerlo:
No tirar del carro sino sentarte junto al cochero. Acompañar es dar la mano a la otra persona, yendo a su mismo paso en cuanto a lo que necesita, no por delante de ella. Tirar del carro es lo que hacemos cuando nos adelantamos a sus deseos o necesidades, hacemos las cosas por ella o la sobreprotegemos.
Más que lo que uno hace es “cómo lo hace”, la actitud. Escuchar al otro, aceptar su manera de hacer las cosas o sugerir en vez de aconsejar son maneras de acompañar en vez de ayudar.
Preguntar antes de dar. Sería decirle al otro: “Estoy aquí, ¿quieres que te ayude con esto?”. Así le das la opción de tomar tu ayuda o no. Y luego vendría: ¿Y cómo quieres que te ayude? Cuando alguien es mayor o está enfermo esto te permite acompañarle sin restarle su independencia ni dignidad.
Observa si alimentas la dependencia. Algunas personas se vuelven dependientes emocionalmente por alguna circunstancia de la vida. Lo primero es observar si tú lo estás alimentando porque:
Te cuesta sostener el sufrimiento del otro y prefieres “salvarle”.
En el fondo te es más fácil olvidarte de tus asuntos incómodos y ocuparte de los demás.
Te crees obligado a ello por alguna razón.
Porque te hace sentir fuerte y protector (Como un príncipe azul – o la princesa Xenia).
Escucha lo que tú necesitas. Es posible acompañar al otro sin perder contacto con lo que a ti te va haciendo falta para estar bien. Se trata de saber cuáles son tus necesidades para ir sacando tiempo y atenderlas (si no es en ese preciso momento, sí más tarde).
Y para acabar…
Permite que el otro te ayude a ti. Para ello toca mostrar tu vulnerabilidad y dejarte acompañar; esto equilibra el dar y el tomar en una relación haciéndola más sana y duradera.
Cristina Enjuto es Terapeuta Gestalt y Master-Trainer en PNL. Trabaja en sesiones individuales o grupales para inspirar y empoderar a mujeres y hombres a lograr tranquilidad, sentirse bien consigo mismos y tener relaciones más plenas www.cristinaenjuto.es
martes, 29 de mayo de 2018
Ese acierto imprevisto
Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cuando pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan sólo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.
Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.
Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.
Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.
De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.
No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.
Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.
Tiempo de habitaciones separadas.
Luis Garcia Montero
lunes, 28 de mayo de 2018
Un trabajo de más de cuarenta años
Te deseo toda la suerte del mundo en el trabajo que estas haciendo.
Decirte que eres muy valiente porque el camino que estas recorriendo es muy duro,
pero que lo estas afrontando de la mejor manera posible.
Estas aprendiendo mucho aunque en ello también estas sufriendo mucho.
Solo decirte que no estás sola,
que siempre me tendrás a tu lado para todo lo que te haga falta,
y quiero que lo cojas al pie de la letra;
cuenta conmigo para cualquier cosa.
Un beso muy fuerte de ❤ a ❤.
Si tanto no duele...
...Un niño fue a casa de un amigo para pasar la tarde jugando. Al llegar al jardín, se encontró con “Perezoso”, un perro grande, con fuertes patas y espeso pelaje. El animal estaba sentado y no paraba de gruñir y quejarse. El niño se acercó al perro y le preguntó: “¿Qué te pasa? ¿Estás enfermo?”. “No estoy enfermo”, le contestó el animal, con tono desganado. Desconcertado, el niño dio media vuelta y siguió jugando.
Un rato más tarde, el niño volvió a fijar su atención en el perro. Permanecía inmóvil y seguía gruñendo y lamentándose. Tras dudar varias veces, se dirigió hacia el animal y le preguntó de nuevo: “¿Te encuentras bien? ¿Quieres que te acerquemos al veterinario?” El perro levantó la cabeza y le miró con los ojos entrecerrados y la mirada perdida. Era evidente que padecía malestar. El niño se fijó en la postura del animal: algo parecía estar fuera de lugar. Era tensa, forzada y de pronto lo vio: el perro estaba sentado sobre un gran y oxidado clavo.
“¿Acaso no te has dado cuenta de que estás sentado sobre un clavo?”, exclamó el niño, “¡Cuánto más tiempo tardes, más te dolerá la herida!” Y añadió, estupefacto: “¿Por qué no te levantas?” ‘Perezoso’ levantó su pesada cabeza con parsimonia y le contestó con sorprendente tranquilidad: “Porque no me duele tanto como para hacer el esfuerzo de levantarme”.
Un rato más tarde, el niño volvió a fijar su atención en el perro. Permanecía inmóvil y seguía gruñendo y lamentándose. Tras dudar varias veces, se dirigió hacia el animal y le preguntó de nuevo: “¿Te encuentras bien? ¿Quieres que te acerquemos al veterinario?” El perro levantó la cabeza y le miró con los ojos entrecerrados y la mirada perdida. Era evidente que padecía malestar. El niño se fijó en la postura del animal: algo parecía estar fuera de lugar. Era tensa, forzada y de pronto lo vio: el perro estaba sentado sobre un gran y oxidado clavo.
“¿Acaso no te has dado cuenta de que estás sentado sobre un clavo?”, exclamó el niño, “¡Cuánto más tiempo tardes, más te dolerá la herida!” Y añadió, estupefacto: “¿Por qué no te levantas?” ‘Perezoso’ levantó su pesada cabeza con parsimonia y le contestó con sorprendente tranquilidad: “Porque no me duele tanto como para hacer el esfuerzo de levantarme”.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





































