miércoles, 8 de mayo de 2019
martes, 7 de mayo de 2019
lunes, 6 de mayo de 2019
Viajando sin moverse
Yo no pertenezco aquí
soy una turista
que viaja por el tiempo
contemplando los momentos
que siempre me hacen sonreír
y otras veces aprender
sábado, 4 de mayo de 2019
viernes, 3 de mayo de 2019
MON
viernes, 26 de abril de 2019
martes, 2 de abril de 2019
Tesoro precioso al final
Claves para hallar el equilibrio interno
Lo creamos o no, a lo largo de nuestro ciclo vital siempre va a llegar este momento. Ese instante en que nos digamos a nosotros mismos “deseo calma, quiero encontrar mi equilibrio interior” para estar tranquilos. Es un modo excepcional de favorecer nuestro crecimiento personal y para lograrlo, nada mejor que promover estos cambios.
Las personas en cuyo corazón respira el equilibrio y en cuya mente habita la tranquilidad, no ven el amor como una necesidad o como un anhelo desesperado. El amor no es algo que llega para rescatarlas, porque la persona tranquila ya no necesita ser salvada. El amor es un tesoro precioso que uno encuentra y que decide, por propia libertad y voluntad, cuidarlo como la dimensión más hermosa del ser humano.
Lo creamos o no, a lo largo de nuestro ciclo vital siempre va a llegar este momento. Ese instante en que nos digamos a nosotros mismos “deseo calma, quiero encontrar mi equilibrio interior” para estar tranquilos. Es un modo excepcional de favorecer nuestro crecimiento personal y para lograrlo, nada mejor que promover estos cambios.
- Lo primero que haremos es aprender a discriminar qué relaciones de las que contamos en este presente, no nos son satisfactorias. Nadie podrá hallar esa ansiada tranquilidad si cuenta con un vínculo dañino entre esos lazos familiares, de amistad o de trabajo.
- El segundo paso es tomar una decisión esencial: dejar de ser víctimas. En cierto modo, todos lo somos en algún aspecto: víctimas de esos lazos dañinos antes referenciados, víctimas de nuestras inseguridades, de nuestras obsesiones o limitaciones. Hemos de ser capaces de reprogramar actitudes para alimentar el coraje suficiente como para derribar todas estas alambradas.
- Una vez conseguidos los dos pasos anteriores, es necesario llegar a un tercer y maravilloso escalón. Debemos tener un propósito, una determinación clara y definida: ser felices. Hemos de cultivar esa felicidad sencilla en la que uno, por fín, se siente bien por como es, por lo que tiene y por lo que ha logrado. Esa complacencia nutrida por las raíces del amor propio nos aportará sin duda un gran equilibrio.
Las personas en cuyo corazón respira el equilibrio y en cuya mente habita la tranquilidad, no ven el amor como una necesidad o como un anhelo desesperado. El amor no es algo que llega para rescatarlas, porque la persona tranquila ya no necesita ser salvada. El amor es un tesoro precioso que uno encuentra y que decide, por propia libertad y voluntad, cuidarlo como la dimensión más hermosa del ser humano.
Valeria Sabater - psicóloga
publicado en
https://lamenteesmaravillosa.com/mejor-estado-de-la-vida-estar-tranquilos/
lunes, 1 de abril de 2019
lunes, 25 de marzo de 2019
viernes, 22 de marzo de 2019
lunes, 18 de marzo de 2019
jueves, 14 de marzo de 2019
Muertos/Sobrevivir/VIVIR
El sendero del crecimiento personal, desarrollo en consciencia y evolución espiritual discurre por tres grandes fases:
Muertos que parecen vivos: Pasas tus días inmerso en una vida "sin sentido alguno", prisionero de los deseos, rechazos y miedos de tu pequeño yo y en la total amnesia sobre tu verdadero ser.
Sobrevivir: Empiezas a percibir y a recordar que tu genuino ser y naturaleza es mucho más que ese pequeño yo y comienzas a buscar el "sentido de tu vida".
Vivir: Toda búsqueda llega a su fin y hallas el "sentido de la Vida", inundándote la Sabiduría-Compasión y la más honda y completa Reverencia por la Vida.
Muertos que parecen vivos: Pasas tus días inmerso en una vida "sin sentido alguno", prisionero de los deseos, rechazos y miedos de tu pequeño yo y en la total amnesia sobre tu verdadero ser.
Sobrevivir: Empiezas a percibir y a recordar que tu genuino ser y naturaleza es mucho más que ese pequeño yo y comienzas a buscar el "sentido de tu vida".
Vivir: Toda búsqueda llega a su fin y hallas el "sentido de la Vida", inundándote la Sabiduría-Compasión y la más honda y completa Reverencia por la Vida.
Fuente: Emilio Carrillo - blog El Cielo en la Tierra
Cuando sabes a qué puerto vas, todos los vientos son favorables
Marian Rojas trabaja en el Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas, y como Doctora en Medicina y Psiquiatra trata a personas afectadas por depresión, ansiedad, trastorno de conducta y de personalidad. Acaba de publicar el libro “Cómo hacer que te pasen cosas buenas” (Espasa).
Quiero que me pasen cosas buenas.
Propícialas.
¿Cómo?
Vive el momento presente: no estés angustiado por tu pasado ni ansioso ante el futuro.
Y si mi presente es desastroso, ¿qué?
Toma con ganas tu presente: no importa lo que te pase, sino cómo te lo tomas.
Lo dijo Epicteto hace dos mil años…
Tu interpretación de tu presente es decisiva. Ahí detentas todo el poder: ¡Alcanza una interpretación que mejore tu vida, que la enfoque hacia la felicidad!
¿De qué depende hacer una buena interpretación?
De tres factores: uno, tus creencias, lo que piensas de la vida…
Pienso que me gusta, por ahora.
Dos: tu actitud, que sepas decirte cada mañana “hoy va a ser un interesantísimo día”.
¿Y eso determina algo?
¡Predispones toda tu bioquímica en esa orientación, está comprobado!
¿Y tres?
Adiestra tu sistema reticular activador ascendente (SRAA).
¿Mi… qué?
Así se llama tu función cerebral de filtraje de información: tu cerebro recibe a cada instante varios millones de bits de información… y tu SRAA se fija sólo en los alineados con tus intereses.
¿Mi mente modela mi realidad?
“Descubrir algo nuevo puede ser ver lo viejo con otros ojos”, dijo Proust. Cada mañana imagina un objetivo para ese día, un desafío, algo que anhelas que te suceda.
Como la famosa ley de la atracción.
Cuándo sabes lo que quieres, es más fácil que te pase, pues te darás cuenta si te pasa.
Me conviene mucho, pues, saber lo que quiero, dibujarme un proyecto vital…
“Cuándo sabes a qué puerto vas, todos los vientos son favorables”, dijo Séneca. Si no lo sabes…, ningún viento será bueno.
¿Algún ejemplo práctico?
Una amiga me decía, desesperanzada: “No encontraré un hombre que me quiera”. Le pedí que sustituyese esa idea por la imagen del hombre anhelado. “De mundo, viajero, aventurero…”, me dijo. Así activé su SRAA.
¿Y?
Al día siguiente, en el AVE, el hombre de su asiento vecino consultaba en un portátil… viajes a Birmania.
Era él
Hoy están juntos.
Espero que para bien.
Mi amiga ya sabe atraerse cosas buenas.
Deme otro consejo para eso.
Conecta con tus pasiones verdaderas. Desempeña un trabajo que te ilusione. Y persevera. Esto hoy va de capa caída…
¿Sí?
El umbral de frustración ha descendido, nos frustramos pronto. Enseña a un niño a perder: le fortalecerás ante reveses de la vida.
Señáleme lo último que la ciencia aporte a su trabajo.
Que el cáncer es de origen multifactorial, y un factor de riesgo son las emociones.
Vaya.
Si tu imaginario es ansiógeno, tu ansiedad generará más cortisol del necesario…, lo que desgasta el sistema inmunitario, lo que a su vez inflama el organismo…
¿Inflama?
Colitis, faringitis, artritis, amigdalitis… Insomnio, caída de cabello, taquicardias, palpitaciones, envejecimiento… e irritabilidad. Y mala irrigación del lóbulo prefrontal: pérdida de memoria y concentración… Y, claro, te deprimes: la depresión es un estado inflamatorio de la mente.
Me temo que vivimos en un siglo inflamatorio.
Es así, por tanto perfeccionismo: queremos hacerlo todo perfecto. Por cronopatía: le pedimos demasiado a cada minuto. Por controlarlo todo: incluso el futuro de los hijos…
¿La receta es… que me relaje?
Toma tú las riendas de tu propia vida. Y rodéate de personas-vitamina. Y háblate bien: que tu pensamiento use palabras alegres, constructivas, ilusionantes, ¡sin quejas! Mira algo con interés, y se volverá interesante.
¿No es eso autoengañarme?
Puestos a autoengañarte, que sea para bien.
Quiero que me pasen cosas buenas.
Propícialas.
¿Cómo?
Vive el momento presente: no estés angustiado por tu pasado ni ansioso ante el futuro.
Y si mi presente es desastroso, ¿qué?
Toma con ganas tu presente: no importa lo que te pase, sino cómo te lo tomas.
Lo dijo Epicteto hace dos mil años…
Tu interpretación de tu presente es decisiva. Ahí detentas todo el poder: ¡Alcanza una interpretación que mejore tu vida, que la enfoque hacia la felicidad!
¿De qué depende hacer una buena interpretación?
De tres factores: uno, tus creencias, lo que piensas de la vida…
Pienso que me gusta, por ahora.
Dos: tu actitud, que sepas decirte cada mañana “hoy va a ser un interesantísimo día”.
¿Y eso determina algo?
¡Predispones toda tu bioquímica en esa orientación, está comprobado!
¿Y tres?
Adiestra tu sistema reticular activador ascendente (SRAA).
¿Mi… qué?
Así se llama tu función cerebral de filtraje de información: tu cerebro recibe a cada instante varios millones de bits de información… y tu SRAA se fija sólo en los alineados con tus intereses.
¿Mi mente modela mi realidad?
“Descubrir algo nuevo puede ser ver lo viejo con otros ojos”, dijo Proust. Cada mañana imagina un objetivo para ese día, un desafío, algo que anhelas que te suceda.
Como la famosa ley de la atracción.
Cuándo sabes lo que quieres, es más fácil que te pase, pues te darás cuenta si te pasa.
Me conviene mucho, pues, saber lo que quiero, dibujarme un proyecto vital…
“Cuándo sabes a qué puerto vas, todos los vientos son favorables”, dijo Séneca. Si no lo sabes…, ningún viento será bueno.
¿Algún ejemplo práctico?
Una amiga me decía, desesperanzada: “No encontraré un hombre que me quiera”. Le pedí que sustituyese esa idea por la imagen del hombre anhelado. “De mundo, viajero, aventurero…”, me dijo. Así activé su SRAA.
¿Y?
Al día siguiente, en el AVE, el hombre de su asiento vecino consultaba en un portátil… viajes a Birmania.
Era él
Hoy están juntos.
Espero que para bien.
Mi amiga ya sabe atraerse cosas buenas.
Deme otro consejo para eso.
Conecta con tus pasiones verdaderas. Desempeña un trabajo que te ilusione. Y persevera. Esto hoy va de capa caída…
¿Sí?
El umbral de frustración ha descendido, nos frustramos pronto. Enseña a un niño a perder: le fortalecerás ante reveses de la vida.
Señáleme lo último que la ciencia aporte a su trabajo.
Que el cáncer es de origen multifactorial, y un factor de riesgo son las emociones.
Vaya.
Si tu imaginario es ansiógeno, tu ansiedad generará más cortisol del necesario…, lo que desgasta el sistema inmunitario, lo que a su vez inflama el organismo…
¿Inflama?
Colitis, faringitis, artritis, amigdalitis… Insomnio, caída de cabello, taquicardias, palpitaciones, envejecimiento… e irritabilidad. Y mala irrigación del lóbulo prefrontal: pérdida de memoria y concentración… Y, claro, te deprimes: la depresión es un estado inflamatorio de la mente.
Me temo que vivimos en un siglo inflamatorio.
Es así, por tanto perfeccionismo: queremos hacerlo todo perfecto. Por cronopatía: le pedimos demasiado a cada minuto. Por controlarlo todo: incluso el futuro de los hijos…
¿La receta es… que me relaje?
Toma tú las riendas de tu propia vida. Y rodéate de personas-vitamina. Y háblate bien: que tu pensamiento use palabras alegres, constructivas, ilusionantes, ¡sin quejas! Mira algo con interés, y se volverá interesante.
¿No es eso autoengañarme?
Puestos a autoengañarte, que sea para bien.
Fuente: Victor-M. Amela lavanguardia.com
lunes, 11 de marzo de 2019
viernes, 8 de marzo de 2019
domingo, 3 de marzo de 2019
sábado, 23 de febrero de 2019
lunes, 4 de febrero de 2019
lunes, 28 de enero de 2019
El Amor que merecemos. Y no otro.
“Más que cualquier otra cosa, deseamos ser vistos.
Ser acogidos en una presencia completamente abierta y sin juicios, y ser vistos a través de ojos que solo sepan amar.
Y ser vistos es lo que más tememos.
Más que a la muerte, tememos la penetrante mirada de la intimidad.
Y la anhelamos de todos modos.
¡Necesitas ser muy valiente para mostrarte!
Para quitarte la máscara, cuando te ves y te sientes peor (esa máscara que de cualquier forma te está asfixiando), para decir: “Mira. Mira. Aquí estoy, mundo”.
Dejarte ver
antes de estar listo.
Cuando te sientas el más inútil, el más sucio, el más desgraciado e ingrato, el más inepto, el más aburrido, el más confundido y solitario y roto y triste y enojado y lastimado, déjate ver allí.
Allí, en ese doloroso y vergonzoso sitio.
Deja que la luz entre.
Sal de tu escondite e invita a alguien a tu mundo ‘privado’.
Deja que sea testigo del verdadero y auténtico tú.
Anterior a la deplorable defensa que llamas ‘personalidad’.
Di, “Mira. Mira, amigo. Aquí estoy”.
¡Arriésgate a ser amado!
Hay riesgo de ser rechazado, sí.
Hay riesgo de ser humillado, de que se mofen de ti, de hacer el ridículo de nuevo, tal vez.
Hay riesgo de ser visto como un fracaso. Como enfermo, o destrozado, o feo, o débil.
¿Pero hay riesgo de ser amado?
Sí. Arriésgate hoy porque la vida es corta, y es muy agotador tratar de reprimir tu auténtico yo. Déjate ver al desnudo. Al tú vulnerable. Al tú sin protección, sin respuestas, incompetente. Al tú imperfecto.
Porque la vergüenza más profunda solo se cura bajo la luz del amor.
Y tus defectos siempre han anhelado ser tocados con una presencia consciente tan tierna que engendraría universos enteros con tal de encontrarse a sí misma.
Y ahora puedes caer en los brazos de un entrañable amigo.
Que te abrazará.
Desnudo. Sin protección. Imperfecto.
Adorable.
Justo como eres.
Esta es la clase de amor que mereces.
El verdadero amor humano que es también el amor de Dios.
La clase de amor que te baña en dulzura cuando te sientes más avergonzado, más asustado, más perdido.
Cuando te sientes completamente insignificante.
Un inmenso amor que te sostiene.
Nunca te conformes con menos.”
Jeff Foster
Ser acogidos en una presencia completamente abierta y sin juicios, y ser vistos a través de ojos que solo sepan amar.
Y ser vistos es lo que más tememos.
Más que a la muerte, tememos la penetrante mirada de la intimidad.
Y la anhelamos de todos modos.
¡Necesitas ser muy valiente para mostrarte!
Para quitarte la máscara, cuando te ves y te sientes peor (esa máscara que de cualquier forma te está asfixiando), para decir: “Mira. Mira. Aquí estoy, mundo”.
Dejarte ver
antes de estar listo.
Cuando te sientas el más inútil, el más sucio, el más desgraciado e ingrato, el más inepto, el más aburrido, el más confundido y solitario y roto y triste y enojado y lastimado, déjate ver allí.
Allí, en ese doloroso y vergonzoso sitio.
Deja que la luz entre.
Sal de tu escondite e invita a alguien a tu mundo ‘privado’.
Deja que sea testigo del verdadero y auténtico tú.
Anterior a la deplorable defensa que llamas ‘personalidad’.
Di, “Mira. Mira, amigo. Aquí estoy”.
¡Arriésgate a ser amado!
Hay riesgo de ser rechazado, sí.
Hay riesgo de ser humillado, de que se mofen de ti, de hacer el ridículo de nuevo, tal vez.
Hay riesgo de ser visto como un fracaso. Como enfermo, o destrozado, o feo, o débil.
¿Pero hay riesgo de ser amado?
Sí. Arriésgate hoy porque la vida es corta, y es muy agotador tratar de reprimir tu auténtico yo. Déjate ver al desnudo. Al tú vulnerable. Al tú sin protección, sin respuestas, incompetente. Al tú imperfecto.
Porque la vergüenza más profunda solo se cura bajo la luz del amor.
Y tus defectos siempre han anhelado ser tocados con una presencia consciente tan tierna que engendraría universos enteros con tal de encontrarse a sí misma.
Y ahora puedes caer en los brazos de un entrañable amigo.
Que te abrazará.
Desnudo. Sin protección. Imperfecto.
Adorable.
Justo como eres.
Esta es la clase de amor que mereces.
El verdadero amor humano que es también el amor de Dios.
La clase de amor que te baña en dulzura cuando te sientes más avergonzado, más asustado, más perdido.
Cuando te sientes completamente insignificante.
Un inmenso amor que te sostiene.
Nunca te conformes con menos.”
Jeff Foster
jueves, 20 de diciembre de 2018
miércoles, 12 de diciembre de 2018
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